Armenta, festejo frugal
Sin que se paralice la administración pública estatal entera; sin los excesos, sin las comilonas millonarias, sin las largas filas para el besamanos en horario laboral, el actual gobernador de Puebla celebrará hoy su cumpleaños 57 con un discreto y frugal festejo en familia y desahogado, como cada día del año y medio de gestión, una intensa agenda de trabajo.
Alejandro Armenta nació un 9 de julio de 1969 en la Puerta de la Mixteca, en la cabecera municipal de Izúcar de Matamoros, y desde hace casi 36 años decidió su vocación por el servicio público.
Es un político que ha surcado responsabilidades en todos los escalafones de la función pública y la representación popular, desde la presidencia de Acatzingo, Puebla, municipio que lo acogió al ir a vivir allí con su abuela, por una orfandad muy temprana en su niñez, hasta la gubernatura, pasando por diputaciones, local y federal, y la presidencia del Senado de la República, honor que en la historia solamente han tenido dos poblanos.
Armenta ha repudiado con contundencia la frivolidad, fantochería y concupiscencia del anterior régimen.
Como han sido sus festejos de cumpleaños, desde hace décadas, procura como expresión personal y de convicción, pasar este día inmerso en el trabajo. El 9 de julio de 2026 será así, como ha perfilado para hoy su agenda de actividades públicas y privadas.
La tentación de los excesos del pasado no estará en su interés.
Desde que inició como gobernador, no ha habido, ni habrá, fiestas con mezcal, tequila, carnitas y cientos de invitados.
Ha dicho Alejandro Armenta que no aceptará regalos grandes, aunque no faltará el imprudente, muy posiblemente con buena fe pero mal tino, que lo ofrezca.
En el viejo régimen, y de ahí viene el desprecio de Armenta a esas conductas, los gobernadores, legisladores y muchos otros funcionarios suponían que su cumpleaños era una buena oportunidad para el mitin político, la proclama simplona, el culto a la personalidad y el ahogo en los excesos.
Ejemplos hay muchos, barrocos, cursis, ridículos y surrealistas.
Vayamos solamente a dos ejemplos, que a este reportero le tocó presenciar en primera fila.
La primera anécdota ocurrió en el año 2003 y sus excesos describen puntualmente la concupiscencia del viejo y anquilosado sistema: el entonces coordinador de los diputados federales del PRI -su nombre es lo de menos para este relato- cumplió años un jueves, día en que había sesión ordinaria en la Cámara de Diputados.
Transcurría el final de septiembre de aquel año y se desahogaba entonces el primer periodo ordinario de sesiones de la LIX Legislatura (2003-2006), que recién se había instalado.
Al personaje se le organizó una comilona, con el folclor tan colorido de aquellos años y de aquel sistema.
Apenas pasaron lista, los entonces 15 diputados federales por Puebla de ese partido, y de inmediato tomaron sus cositas, subieron a sus lujosas camionetas, con sus obedientes chóferes y sus diligentes asistentes, y se dieron fuga hacia el festejo que se desarrollaba en la capital poblana.
Lo mismo hicieron otros diputados priístas de otros estados, que también habían sido convidados al mismo festejo.
Ya sin todos los que se fueron a la fiesta en Puebla, de pronto el salón de sesiones, con muchas de sus 500 curules vacías, se sintió desolado, por esas ausencias y muchas otras también de otros partidos.
Desde la oposición, entonces se pidió el recuento del quórum, que para tener una sesión válida debía ser de, al menos 251 legisladores y legisladoras, presentes.
Pero no hubo tal y se declaró el final de la sesión por falta de quórum.
Las ausencias eran numerosas, pero el boquete más visible era el que había dejado la fuga de muchos diputados y diputadas hacia la fiesta, la comilona con carnitas y alcohol, de cumpleaños del diputado federal poblano, quien, además en esa época se sentía con posibilidades de llegar a la gubernatura.
Sí, por surrealista que parezca, el festejo de cumpleaños, con carnitas, cerveza, pulque y alcohol, de un diputado federal, había paralizado ese día los trabajos de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
El otro demencial caso ocurrió en noviembre de 2012, en el cumpleaños número 54 del entonces secretario de Infraestructura morenovallista, José Antonio “El Tony” Gali Fayad, cuando la administración pública estatal se paralizó para la celebración de quién entonces era el aspirante más adelantado a la alcaldía de Puebla capital.
Los campos de fútbol de Cholula, en la frontera, entre San Pedro y San Andrés, se llenaron de mesas, de meseros, de mariachis, de acarreados y de todos los funcionarios del gobierno del estado, quienes interrumpieron, en día hábil y en horario hábil, todas sus labores ñ, para llenar de lisonjas y regalos a Gali Fayad.
En el colmo del surrealismo, José Antonio Gali se puso a cantar, descuadrado y desentonado, varias piezas, pero su mayor ridículo fue al cantar, una octava abajo del tono original y requerido, la célebre canción de Emmanuel, “Al final”.
Hoy eso ya no ocurre.
Armenta hoy honra los postulados de la Cuarta Transformación.
Los excesos hoy no caben y Alejandro Armenta pone el ejemplo.
Es la diferencia entre el viejo régimen y la izquierda que hoy gobierna del estado en el país.
Armenta, festejo frugal
