Distritos en renta y representantes ausentes

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Distritos en renta y representantes ausentes

En la política mexicana hay fenómenos que no necesitan explicación porque se repiten con puntualidad quirúrgica. Uno de ellos es el de los aparecidos del distrito. Apenas las cúpulas partidistas se ponen de acuerdo sobre qué distritos están disponibles, comienzan a desfilar personajes que, hasta hace unos meses, no tenían la menor idea de dónde quedaba el territorio que ahora dicen amar.


No nos engañemos: en muchos casos las candidaturas no se construyen caminando calles, escuchando problemas o entendiendo realidades locales. Se construyen a base de palancas, favores y acuerdos con las dirigencias estatales y nacionales. El distrito no importa; importa el padrino. El electorado es un trámite.


La pregunta es incómoda, pero necesaria: usted, como ciudadano, sabe quién es su diputado o diputada local? ¿Conoce el nombre de su representante federal? Y si la respuesta es sí, habría que ir más lejos: ¿realmente siente que esa persona defiende sus intereses o que cumple lo que juró en campaña?


Porque la constante es otra: una vez obtenida la curul, el distrito desaparece. No hay recorridos, no hay informes, no hay regreso. El representante se convierte en un visitante ocasional, cuando no en un completo desconocido. Eso sí, siempre puntual para la siguiente elección.


Ahora, en la antesala de un nuevo proceso electoral, el espectáculo se repite. Los suspirantes desempolvan supuestas amistades en municipios y comunidades que jamás habían pisado. Las redes sociales se llenan de fotografías entregando “regalitos”, abrazando a personas cuyo nombre no recuerdan y posando como si el territorio les perteneciera.


Lo curioso es que esos mismos “amigos” suelen dejar de existir en cuanto el aspirante logra un cargo público. No hay seguimiento, no hay gestión, no hay resultados. Solo queda la foto, la sonrisa forzada y la promesa reciclada para la próxima campaña.


Esta simulación tiene consecuencias. Normaliza la idea de que los distritos son mercancía, que la representación popular es un premio y no una responsabilidad, y que el vínculo con la ciudadanía solo importa cuando hay votos de por medio.


Tal vez el verdadero problema no es que haya tantos que quieran ser candidatos, sino que hay muy pocos dispuestos a representar de verdad. Porque mientras sigamos tolerando a los aparecidos, seguiremos teniendo diputados de paso, distritos abandonados y una política cada vez más lejana de la gente.

Y aquí la gran pregunta…
¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?
Para cualquier duda, sugerencia o comentario, estoy en mis redes sociales:
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Distritos en renta y representantes ausentes

Jorge Antonio Barrientos
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Reportero con 20 años de experiencia en medios de comunicación: radio, prensa escrita y digitales. Actualmente en la fuente política. Padre de familia y amante del rock.

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