El celular también se apaga en casa
Restringir los celulares en las escuelas es una medida necesaria, pero insuficiente.
El problema no empieza en el salón de clases. Empieza en casa.
A partir del 3 de noviembre entrarán en vigor nuevas disposiciones sobre el uso de dispositivos digitales personales en las escuelas. En Puebla, más de 16 mil 500 planteles de educación básica deberán regular el uso de celulares.
En Puebla, algunas instituciones ya aplican controles. En secundaria, por ejemplo, hay alumnos que entregan el teléfono al ingresar y lo reciben al terminar la jornada.
Pero de poco servirá quitarles el aparato durante unas horas si al regresar a casa pueden permanecer toda la tarde frente a una pantalla.
Ahí está el verdadero reto.
Por las jornadas laborales y las múltiples ocupaciones, el celular se convirtió para muchas familias en una forma sencilla de mantener entretenidos a los hijos. El costo es que niños y adolescentes pueden pasar horas consumiendo contenidos sin suficiente supervisión.
No podemos cargar toda la responsabilidad a maestros y directivos.
Madres, padres y tutores también deben establecer horarios, revisar contenidos y recuperar espacios para la lectura, el estudio, el deporte y la convivencia.
Antes salíamos a la calle a jugar futbol, béisbol o simplemente a escuchar música con una grabadora a todo volumen. Hoy las condiciones son distintas y muchas familias prefieren mantener a sus hijos dentro de casa por seguridad.
Eso tampoco significa condenarlos a vivir pegados a una pantalla.
La tecnología forma parte de su generación y sería absurdo pretender alejarlos de ella. Necesitan aprender a utilizarla, porque será indispensable para su educación y su futuro.
Pero una cosa es utilizar la tecnología y otra permitir que la tecnología los controle.
La escuela puede apagar el celular durante unas horas. En casa nos corresponde enseñarles cuándo volver a encenderlo.
El celular también se apaga en casa
