El peligroso Salinas y el repudio popular
El constante llamado a la violencia, que hace desde la boca y desde las pantallas de TV Azteca; la usura con que barrena los bolsillos de la clase trabajadora en el país, a través de su empresa Elektra, que es casi una versión moderna de las Tiendas de Raya previas a la Revolución Mexicana; además de su tan clara antipatía, su exacerbado clasismo y su trasnochado racismo, han hecho de Ricardo Benjamín Salinas Pliego un hombre profundamente repudiado en México.
La muestra más clara fue lo ocurrido la semana pasada, cuando fue blanco de mentadas de madre, de insultos, de denuestos bien merecidos y del mote de “La Perrita de Trump” —en alusión a su extranjerismo y su sumisión al gobierno de Estados Unidos—, que recibió al entrar al estadio de la Ciudad de México, previo al arranque de la ceremonia inaugural del Mundial de balompié.
Más allá de que esos epítetos están bien ganados y describen al pie de la letra al oligarca fascista Ricardo Salinas Pliego, lo que hay que reflexionar es que se trata de una reacción que él mismo ha generado, con el constante odio que siembra y que cada vez más notoriamente se revierte en su contra.
Salinas Pliego está muy lejos de ser el carismático que le dicen, con lisonjas y mentiras, sus colaboradores cercanos.
Se trata más bien de un tipo profundamente antipático y con huellas de ser también muy peligroso, que convoca a la violencia en las calles, como por cierto quedó claro que lo hizo en una entrevista con Adela Micha.
Al respecto, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, durante sus conferencias matutinas de la semana pasada, mostró ese fragmento en el que Salinas Pliego llama a la violencia en las calles, a hacer algo “más rudo”.
Claro que desde la vida oligárquica y fascista del magnate no importa que mueran personas; no importa que incluso sus propios empleados se hayan convertido, metafóricamente, ya hasta en la realidad, en carne de cañón del repudio popular que la gente siente por Salinas Pliego.
No es un tema menor y Salinas se está convirtiendo cada vez más en un personaje muy peligroso para la estabilidad del Estado mexicano, porque desde una concesión de uso del espectro radioeléctrico, a través de su televisora TV Azteca, llama a la violencia, a cualquier costo y sin importarle los saldos sangrientos que se pudieran generar.
Muy afortunadamente, ha habido prudencia en los ciudadanos, que no han pasado de estos gritos y de estos señalamientos contra Ricardo Benjamín.
La semana pasada también la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, hizo un comparativo de lo que pasa con Salinas y otros oligarcas racistas, respecto de las mentiras, las palabras perfumadas y el endulzamiento de oído que hacen sus colaboradores para ocultarles la verdad de lo impopulares que son, de lo peligrosos que son y de lo poco inteligentes que son.
Citó Claudia Sheinbaum Pardo el cuento del danés Hans Christian Andersen, que lleva por título “El traje nuevo del emperador”.
Para no quitarle a usted el deleite de leer el relato, sólo diré que se trata de un monarca profundamente imbécil, al que su soberbia y su vanidad superan por encima del sentido común, y que resulta ser estafado por unos vivales.
¿Estará pasando eso con Ricardo Benjamín?
Sólo él y sus empleados lo saben.
Hay un delito al respecto; se llama precisamente apología de la violencia.
Si eso se suma a la larga lista de delitos que presuntamente ha cometido Ricardo Benjamín, lo acumulado ya es abundante.
Por lo pronto, hay que revisarlo. Es urgente que se revise la concesión de TV Azteca. No puede seguirse violando la ley desde el espectro radioeléctrico que pertenece a todas las mexicanas y mexicanos.
El peligroso Salinas y el repudio popular
