Foto: Agencia Enfoque
Entre tapetes y colores, municipios poblanos viven el Viernes Santo
Este Viernes Santo, el estado de Puebla se llenó de fe, tradición y expresiones culturales que reflejan la diversidad con la que se vive una de las fechas más importantes del calendario religioso.
En distintos municipios, miles de personas salieron a las calles para participar en procesiones, representaciones y rituales que, año con año, mantienen vivas las costumbres.
En Atlixco, la jornada estuvo marcada por una de las tradiciones más intensas y simbólicas: la procesión de los “engrillados”. Desde el mediodía, hombres descalzos recorrieron las calles cargando pesadas cadenas de hasta más de 50 kilos como acto de penitencia.
Algunos de ellos también colocaron espinas en distintas partes del cuerpo, en una práctica que requiere preparación física y espiritual. Esta manifestación, lejos de ser un espectáculo, representa una forma profunda de fe y sacrificio que impacta tanto a participantes como a espectadores.
Por su parte, en San Pedro Cholula, el ambiente fue completamente distinto, dominado por el color y la participación comunitaria. Desde temprana hora, familias y comerciantes se organizaron para crear alfombras monumentales de aserrín, flores y pigmentos que cubrieron varias calles del municipio.
En Tehuacán, la conmemoración se centró en la representación del Viacrucis viviente. Decenas de actores locales participaron en la escenificación de la pasión de Cristo, recorriendo calles ante la mirada de cientos de asistentes que siguieron el trayecto en silencio y oración. La atmósfera fue solemne, enfocada en la reflexión y la cercanía entre la comunidad y el acto religioso.
Mientras tanto, en Zacatlán, la fe congregó a miles de creyentes en la junta auxiliar de Jicolapa, donde se venera al Cristo Milagroso. La procesión avanzó desde la Cruz del Guardián hacia este punto, acompañada por devotos que caminaron largas distancias para mantener viva esta tradición.
Así, Puebla vivió un Viernes Santo donde cada municipio imprimió su propia identidad: desde el sacrificio en Atlixco, el arte en Cholula, la representación en Tehuacán, hasta la devoción multitudinaria en Zacatlán. Una muestra clara de que la tradición sigue latiendo con fuerza en cada rincón del estado.
Entre tapetes y colores, municipios poblanos viven el Viernes Santo
