Fe y tradición inundan Puebla durante procesión de Viernes Santo
Puebla capital volvió a vestirse de fe, silencio y tradición. Este Viernes Santo, la ciudad vivió una vez más una de sus expresiones religiosas más profundas: la Procesión de Viernes Santo, que transformó el corazón del Centro Histórico de Puebla en un escenario de devoción colectiva.
Desde muy temprano, las calles comenzaron a cobrar vida. Aún con el ambiente de las vacaciones, familias enteras, fieles y visitantes llegaron al Zócalo y a las avenidas aledañas para asegurar un buen lugar. Entre el murmullo de la gente, también se hicieron presentes los vendedores ambulantes, completando una escena donde lo cotidiano se mezcla con lo espiritual.
Minutos antes del mediodía, cientos de fieles se congregaron en el atrio de la catedral para participar en la misa previa al recorrido. Fue ahí donde el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa, acompañado por el rector de la UPAEP, Emilio José Baños Ardavín, así como por autoridades municipales, dio inicio oficial a la procesión, recordando el significado del sacrificio de Jesús e invitando a los asistentes a vivir la jornada con recogimiento y reflexión.
Encabezada por el Niño Doctor, la procesión avanzó entre rezos y cantos. Las principales imágenes religiosas comenzaron su recorrido por las calles del Centro Histórico: la Virgen de la Soledad, la Virgen de los Dolores, el Señor de las Maravillas, Jesús Nazareno, el Señor de las Tres Caídas y Jesús de la Misericordia. Cada una, cargada por cofradías y acompañada por fieles, marcó el ritmo solemne del trayecto.
En particular, la imagen de Jesús Nazareno, proveniente del templo de San José, avanzó por la 2 Norte entre una multitud que observaba en silencio, algunos con lágrimas, otros con veladoras encendidas. El peso de la imagen no solo recaía en los hombros de los cargadores, sino también en la emoción colectiva que se sentía a cada paso.
Desde el aire, un helicóptero de la Secretaría de Seguridad Pública vigilaba el desarrollo del evento, mientras en tierra, elementos de seguridad y protección civil acompañaban el flujo de asistentes.
La procesión continuó hasta reunir las imágenes en la catedral, donde más tarde se llevaría a cabo el Sermón de las Siete Palabras, uno de los momentos más significativos de la jornada.
Así, entre incienso, campanas y pasos lentos, Puebla reafirmó una vez más su identidad, donde la fe no solo se profesa, sino que se camina, se carga y se comparte en comunidad.
Fe y tradición inundan Puebla durante procesión de Viernes Santo
