Ignacio Mier no será gobernador: sería nepotismo
Ignacio Mier Velazco no será gobernador de Puebla, aun cuando fue electo coordinador de Morena en el Senado. Ese cargo no cambia el fondo del problema ni lo coloca automáticamente en la ruta del poder estatal.
No tiene tablas, no tiene trabajo en territorio y, aunque recientemente volvió a promoverse con reuniones y apariciones públicas, eso no sustituye años de construcción política real. Su trayectoria ha sido legislativa y de cúpula, no de base. Nunca ha ganado un cargo por el voto directo de la gente. No formó estructura, no caminó municipios y no generó arraigo social.
Las elecciones no se ganan con espectaculares. Ya lo intentó cuando se impulsó y afirmaba su (falsa) cercanía con Andrés Manuel López Obrador y no ganó; menos lo hará ahora, cuando su proyecto carece de fuerza propia y depende del grupo de Adán Augusto López Hernández, lo que lo reduce a un papel de operador y no de liderazgo.
Además, no está en el ánimo de la Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, un factor que hoy es determinante dentro de Morena. Los cargos legislativos ya no son pase automático a candidaturas; son espacios de control interno, no de sucesión política.
Hoy Ignacio Mier aparece, se deja ver y manda señales, pero eso no es trabajo territorial: es reacción a la coyuntura nacional. En política, quien llega tarde y sin base no compite.
Por eso el escenario es claro: Ignacio Mier seguirá siendo actor en el ámbito legislativo, aun con la coordinación de Morena y la presidencia de la Jucopo, pero la gubernatura de Puebla no está en su destino político. No por veto, sino por falta de construcción real.
Ignacio Mier no será gobernador: sería nepotismo
