La carrera de los que nunca arrancan

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La carrera de los que nunca arrancan

En Puebla hay una epidemia que no aparece en los reportes de la Secretaría de Salud, pero que se propaga con una velocidad impresionante: la fiebre por las candidaturas.

Todavía falta para que inicie formalmente el proceso electoral y ya comenzaron las señales inequívocas de que el síndrome de la candidatura volvió a hacer de las suyas. De pronto aparecen personajes que durante años pasaron inadvertidos, pero que ahora descubrieron una pasión incontrolable por recorrer colonias, saludar hasta al perro del vecino y, por supuesto, mandar pintar bardas con frases tan profundas como ambiguas.

Porque si algo caracteriza a la política es que una barda nunca dice «quiero ser candidato». No hace falta. Todos entienden el mensaje.

También está el arte de aparecer en la fotografía oficial. No importa si la inauguración es de una calle, un parque, una jornada de limpieza o un torneo de dominó. Lo importante es encontrar el mejor ángulo para quedar a un lado del personaje principal. Si hay que empujar discretamente a alguien para salir al frente, pues que la democracia lo juzgue.

Lo verdaderamente admirable es la fe de algunos aspirantes. Una fe inquebrantable. Casi religiosa.

Porque mientras los ciudadanos apenas saben cómo se llaman, ellos ya se imaginan despachando desde una presidencia municipal, una diputación o cualquier oficina que tenga una placa dorada en la puerta.

Y ahí van, convencidos de que cada saludo suma miles de votos, de que cada selfie representa una estructura territorial y de que cada barda pintada es un punto más en las encuestas.

La realidad suele ser bastante menos romántica.

En política no basta con querer. Tampoco alcanza con hacerse visible todos los días. Mucho menos con saturar el paisaje urbano de colores, frases motivacionales o sonrisas perfectamente ensayadas.

Lo curioso es que el fenómeno no distingue partidos. Cambian los logotipos, los colores y los discursos, pero la receta es exactamente la misma. Todos aseguran que «la gente se los pide». Todos dicen que «todavía no son tiempos». Y, casualmente, todos empiezan a dejar huella… literalmente, en las bardas.

Mientras unos trabajan para gobernar, otros gobiernan únicamente su imaginación.

Y quizá ahí radique la diferencia entre quienes realmente competirán y quienes, una vez más, tendrán que conformarse con explicar que «las circunstancias no se dieron».

Al final, la política poblana también tiene sus tradiciones.

Una de ellas consiste en que, antes de cada elección, florecen más candidatos que jacarandas… aunque la mayoría termine marchitándose mucho antes de llegar a la boleta.

Y aquí la gran pregunta nuevamente es:

¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?

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Jorge Antonio Barrientos
Jorge Antonio Barrientoshttps://www.sucesospuebla.com
Reportero con 20 años de experiencia en medios de comunicación: radio, prensa escrita y digitales. Actualmente en la fuente política. Padre de familia y amante del rock.

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