La fábrica de mentiras del Ajusco y el «cobro de piso»
Cuando el dinero deja de fluir, la mentira se industrializa.
Eso es hoy TV Azteca en Puebla: una fábrica de falsedades, una línea de ensamblaje donde la realidad se desarma, se tuerce y se vuelve propaganda disfrazada de noticia.
No informan: operan.
No cuestionan: castigan.
No investigan: facturan.
La televisora del Ajusco decidió declarar la guerra mediática al Gobierno de Puebla luego de que éste rechazara pagar un convenio obsceno por 2 mil 350 millones de pesos. Así, sin rubor. Como si el erario fuera caja chica y la dignidad institucional un trámite administrativo.
Cuando el gobierno dijo no, activaron el plan B: calumnia, acoso sistemático y distorsión deliberada. Un manual viejo, gastado, aprendido en los años del neoliberalismo, cuando el poder político se arrodillaba y los medios cobraban por callar.
Hoy el chantaje ya no funciona, pero el rencor sí.
TV Azteca actúa como los grandes cárteles: «cobra piso», ajusta cuentas, exige estar en nóminas, infunde miedo y fabrica enemigos. Alimenta el fantasma de la extorsión mediática porque perdió su negocio favorito: vender silencio y comprar impunidad. No es ideología lo que los mueve, es ambición herida.
José Luis García Parra los exhibió sin rodeos: “Eso era lo que nos pagaban con el PAN”. Punto. Ahí está la confesión. No defendían principios, defendían contratos. Y como ya no hay privilegios, ahora hay mentiras.
El gobernador Alejandro Armenta fue claro: su gobierno no se pone de rodillas. Comparó esta exigencia con la deuda criminal del Museo Barroco, porque ambas nacen del mismo pecado: saquear al pueblo para enriquecer intereses privados.
TV Azteca censura, evade, miente y odia. Ataca a la 4T, no por convicción editorial, sino porque se le cerró la llave del dinero público. Ese es su dolor. Ese es su coraje. Ese es el combustible de su fábrica.
En Puebla el mensaje es claro:
no hay convenios a cambio de silencio
no hay contratos a cambio de mentiras
no hay poder mediático por encima del interés público.
Se acabaron los tiempos del chantaje.
Nos leemos pronto…
La fábrica de mentiras del Ajusco y el «cobro de piso»
