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Sheinbaum y Armenta, una visita a casa

Antes de cumplir siquiera siete años, los veranos extremadamente calurosos de Izúcar, la Puerta de la Mixteca, se cambiaron para el entonces pequeño Alejandro por los climas más secos y templados de Acatzingo.

Sheinbaum y Armenta, una visita a casa
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Sheinbaum y Armenta, una visita a casa

En el callejón Francisco I. Madero, de Izúcar de Matamoros, Puebla, uno de los que viene de la bifurcación conocida como La Tijera, un pasaje comercial aledaño al Zócalo, está la Casa Armenta.

Un anuncio dice que ahí se venden artículos deportivos, pero hoy es un negocio que ofrece muchos más productos, como regalos y papelería.

La mañana del domingo, a su paso, entre la gente, rodeados de cientos de peticiones de fotos, saludos, abrazos, firmas y la entrega de documentos con solicitudes, Alejandro Armenta fue muy enfático en señalarle a Claudia Sheinbaum el establecimiento que está en una casa de tres niveles, en ese callejón del poblado en el que el candidato a gobernador nació hace 54 años.

Tomó del hombro a la candidata presidencial, quien interrumpió sus saludos a la gente y las fotos que ella misma acostumbra tomar con los teléfonos celulares de las personas que le piden una selfie, para observar la Casa Armenta.

Han pasado tres generaciones que han trabajado en ese negocio, desde el abuelo de Alejandro, Ponciano, su padre Rafael y su tío Raúl y hoy lo atiende una sobrina del senador con licencia con su esposo.

Izúcar de Matamoros, en donde Alejandro arrancó este domingo la campaña masiva a la gubernatura poblana, seguramente es un lugar en el que se le agolpan los recuerdos.

De aquí, su ciudad natal y la tierra de su padre, tuvo que irse muy pequeño, cuando quedó huérfano de madre.

Partió a Acatzingo, la tierra de ella, en donde lo criaría su abuela materna y en donde, apenas pasados los 20 años de edad, llegaría a la presidencia municipal y comenzaría una carrera política que hoy lo tiene a las puertas de la meta que se trazó hace décadas: ser el gobernador de su estado.

Antes de cumplir siquiera siete años, los veranos extremadamente calurosos de Izúcar, la Puerta de la Mixteca, se cambiaron para el entonces pequeño Alejandro por los climas más secos y templados de Acatzingo.

Desde la memoria pueril, el eco de la voz materna lo acompañó, cuando su padre tuvo que llevarlo al cuidado de su abuela Cholita.
La mañana de su arranque de campaña, los recuerdos de la lejana infancia tuvieron eco en Alejandro Armenta, cuando recordó que es un mixteco y que esta fue su casa, su hogar.

También, cuando desde la tribuna política, se dio unos minutos para agradecerle a su padre por estar presente y, en una alegoría, decirle que ojalá tenga algún día 10 por ciento de la paciencia y la humildad de su padre, Rafael Armenta.

Aquí, también una tierra de migrantes, Claudia Sheinbaum ofreció protegerlos desde el Gobierno de México, cuando llegue a la Presidencia de la República, pues consideró que no solamente son el sustento de muchos hogares en esta región Mixteca, en Puebla y México, sino también son vitales para la economía de Estados Unidos.

Izúcar de Matamoros es uno de los principales municipios expulsores de migrantes hacia la Unión Americana, en donde se calcula que hay al menos 2.5 millones de personas originarias del estado.

Aquí, con el calor de 31 grados centígrados y una alta humedad, característica de esta zona poblana que colinda con el estado de Morelos, entre muchas personas, un anciano se le acercó a Alejandro.

“Te dije que ibas a ser gobernador… ¿Te acuerdas? Te lo dije… Se lo dije”, encaró con amabilidad al candidato y lo repitió a quienes estaban cerca, mientras tomaba de la mano a Alejandro.

“Que Dios te escuche”, le respondió él.

A unos pasos, una mujer abrazaba a Sheinbaum y la gente ya no le llamó por su nombre a la abanderada morenista, tampoco por su apellido, ni por su título de doctora.

Prácticamente todos le dijeron presidenta.

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