Paulina Camargo y José María: del último encuentro a la condena
Antes de que existiera un expediente judicial, una sentencia o una búsqueda que se prolongaría por más de una década, estaban Paulina Camargo y José María Sosa.
Ella tenía 19 años, estaba embarazada y comenzaba a imaginar una nueva vida junto al hijo que esperaba; él era su pareja y la última persona con la que fue vista el 25 de agosto de 2015, cuando ambos salieron rumbo a la unidad habitacional La Margarita. Solo uno de los dos regresó.
Aquella tarde marcó el inicio de uno de los casos criminales más emblemáticos de Puebla. Paulina salió de su casa convencida de que volvería unas horas después. Su familia nunca volvió a verla. Las cámaras de vigilancia captaron el momento en que abordó un taxi junto a José María. Ese fue el último registro de la joven con vida.
La investigación transformó para siempre la vida de ambas familias, pero especialmente la de los Camargo. Lo que siguió fueron recorridos por ministerios públicos, conferencias de prensa, búsquedas en rellenos sanitarios, presas y barrancas, además de incontables audiencias judiciales.
En el centro de toda la historia permanecía José María Sosa. Sus declaraciones, las contradicciones detectadas por los investigadores y las pruebas reunidas por la Fiscalía lo colocaron desde el principio como el principal sospechoso. Sin embargo, los años transcurrieron entre recursos legales, amparos, sentencias anuladas y un proceso que parecía reiniciarse una y otra vez.
Mientras tanto, el tiempo seguía pasando para todos, menos para Paulina.
Su fotografía comenzó a recorrer las calles de Puebla sostenida por las manos de su madre, Rocío Limón, quien convirtió el dolor en una lucha incansable. Su rostro apareció en marchas, fichas de búsqueda y salas de audiencia, acompañado siempre de la misma pregunta: «¿Dónde está mi hija?».
Once años después, un tribunal encontró culpable a José María Sosa Álvarez y lo condenó a 56 años y tres meses de prisión por desaparición cometida por particulares.
Dicha sentencia representó un paso histórico para la justicia, pero no resolvió el vacío que permanece desde aquella tarde de agosto.
Rocío Limón, madre de Paulina, aseguró que el fallo representa un paso histórico para su familia, aunque reconoció que ninguna sentencia podrá reparar el dolor causado por la ausencia de su hija.
«Estamos a un mes de cumplir los 11 años de la desaparición de Pau y del bebé. Se logró hacer justicia para ella y para el bebecito. Es muy lastimoso, muy doloroso, pero hoy puedo decirles que valió la pena la lucha», expresó con la voz entrecortada al concluir la audiencia.
Acompañada de familiares, amigos y colectivos que respaldaron su búsqueda durante más de una década, Rocío agradeció a quienes nunca dejaron de acompañarlos en el camino. Recordó que la exigencia de justicia comenzó el mismo día en que Paulina desapareció y que, pese a los obstáculos legales, las búsquedas infructuosas y los años de incertidumbre, su familia decidió no rendirse.
También reconoció el trabajo de los asesores jurídicos, del equipo de la Fiscalía que llevó el caso y de todas las personas que, desde distintos espacios, contribuyeron para que el proceso llegara a una sentencia condenatoria.
Sin embargo, dejó claro que el fallo no representa el final de la historia. «La justicia llegó, pero mi hija sigue sin aparecer», insistió al reiterar que la búsqueda de Paulina y del bebé que esperaba continuará hasta conocer su paradero.
Paulina Camargo y José María: del último encuentro a la condena
